ún cuando Eduardo Duhalde se bajó de la intervención por orden del comando superior (Hilda Beatriz González de Duhalde), pese a haberse bebido 3 botellas de champaña junto a Luis Barrionuevo y Alberto Pierri para festejar la intervención ordenada por María Servini, continuará el ejercicio ‘de facto’ del sindicalista gastronómico que ha asumido roles fundamentales en muchísimas decisiones de la política argentina contemporánea.

Desde que Enrique Nosiglia lo financió para ingresar al menemismo -el plan era romper el peronismo para que ganara Eduardo Angeloz en 1989 pero Antonio Cafiero se derrumbó ante Carlos Menem- hasta la ruptura de la CGT en 1989, el Pacto de Olivos que permitió la reforma constitucional de 1994 y la reelección de Menem en 1995, pasando por el golpe de Estado a Fernando De la Rúa en 2001 y la Administración Duhalde en 2002, Luis Barrionuevo tuvo roles protagónicos. No acertó con el ascenso y consolidación de los K.

Pero sí contribuyó con el derrumbe K -algunos escándalos de mesa de dinero en Puerto Madero, investigaciones periodísticas que marcaron ‘picos’ de rating para Jorge Lanata en Canal 13- aunque mantiene una pésima relación con Mauricio Macri por cuestiones personales.

No obstante, Luis Barrionuevo, en días de Macri y sin apoyo de éste, consiguió que María Servini lo designara interventor del Partido Justicialista, tarea en la que seguirá por decisión de la jueza federal con competencia electoral de la Ciudad de Buenos Aires.

La jueza Servini aceptó la apelación de las autoridades del PJ por la intervención del partido pero no se interrumpirá la gestión de Barrionuevo.