Quienes lo conocen en serio afirman que después de su participación en 2007 -cuando en sociedad con la UCR enfrentó a Cristina y fue tercero, detrás de la ex presidenta y de Elisa Carrió- había decidido ponerle punto final a sus experiencias electorales. Sin embargo, frente a la coyuntura actual y a los vaivenes de la Argentina hoy se habría entreabierto la puerta. Va a esperar. Se lo verá en Cariló próximamente. Le ayudará a tomar el pulso social. A sentir qué tan desencantado está ese sector social con el Presidente. Marzo podría resultar un mes clave.

Hasta hace algunos meses, cuando le llevaron la primera propuesta, argumentaba que era tiempo de “las nuevas generaciones”.

Pero Roberto Lavagna también entiende que no han emergido dirigentes competitivos. Aunque marca un límite: no están dadas hoy las condiciones para un lanzamiento. A diferencia de lo que expresa el armado del peronismo alternativo, sus íntimos le han escuchado decir que Cristina y Macri mantienen el escenario “absolutamente polarizado”. No hay forma de intervenir en esas condiciones, cree.

Habla uno de sus principales interlocutores: “Roberto quiere que le demuestren por qué él estaría equivocado. Entiende que las únicas opciones son Cristina y Macri y que ellos mismos, junto a los factores de poder en la Argentina, están alimentando ese juego. Hasta que no le demuestren que eso puede cambiar no tiene sentido pensar si puede o no participar de la contienda”.

La presión ha ido de menor a mayor. Primero fueron dirigentes que hoy aparecen al margen de cualquier armado grande, como Eduardo Duhalde. Pero hace poco más de un mes, su presencia en un almuerzo con los gremialistas Luis Barrionuevo (Gastronómicos), Armando Cavalieri (Comercio), Andrés Rodríguez (UPCN), José Luis Lingieri (Obras Sanitarias), Omar Maturano (La Fraternidad), Roberto Fernández (UTA) y Gerardo Martínez (UOCRA) alimentó esperanzas en quienes quieren verlo en la grilla. “Para nosotros tiene ganas de jugar”, dijo uno de los asistentes. Barrionuevo sostiene que Lavagna es el único que puede “encarrilar el país en cuatro años y enfrentar la política macrista de “tarifazo, tarifazo y tarifazo”.

Massa desayunó con el ex ministro esta semana y habla con él cada quince días. El tigrense es el más cuidadoso al hablar de eventuales candidaturas porque conoce como pocos sus tiempos -y su temperamento- y porque viene trabajando en el mismo espacio político desde 2013, cuando rompió con el kirchnerismo y lo derrotó en las urnas. Sólo dice: “Roberto es la referencia de qué país debemos construir en materia económica y de acuerdos de largo plazo”.

El que sí se anima a ir más lejos es Miguel Lifschitz, el gobernador socialista de Santa Fe, que coquetea con formar parte del espacio Alternativa Federal que componen Massa, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Angel Pichetto y que en las últimas semanas incorporó a otros mandatarios provinciales.

Lavagna puede ser el hombre del consenso que necesitamos para dejar atrás la polarización”, dice Lifschitz. El mandatario habló con varios gobernadores peronistas y en la rueda de conversaciones incluyó a Ricardo Alfonsín, que busca ser el radical que atraiga a otros correligionarios díscolos, por ahora sin demasiado éxito. La charla con Alfonsín, uno de los primeros en alejarse de Cambiemos, recuerda los movimientos de 2006, previos a la Convención partidaria en la que se aprobó que la boleta presidencial fuera encabezada por un extrapartidario. Todavía estaba vivo y muy activo Raúl Alfonsín. En aquella aventura, el postulante a vice terminó siendo el jujeño Gerardo Morales, hoy uno los más fieles adherentes al proyecto reeleccionista de Macri.

Lavagna, de 76 años, lleva un año y medio sin hablar en los medios y son pocas sus apariciones públicas. Hay una consultora que lo viene midiendo. “Tiene un buen nivel de instalación y su imagen es valorada entre la población adulta”, aseguran. Su principal problema es con los menores de 30 años, que prácticamente no saben quién es. Ya pasaron 13 años desde que dejó el Ministerio de Economía. Un consultor que frecuenta la Casa Rosada le augura pocas chances: “Ni un Tinelli ni un Lavagna podrían romper la polarización. Y además primero deberían salir a la cancha y entrenar duro. No hay ningún Messi en la política argentina”.

Los que impulsan a Lavagna lo hacen, en parte, convencidos de que la situación económica -a contramano de lo que sostienen en el Gobierno- se deteriorará en los próximos meses. Ese paisaje potenciaría su carrera. Por eso hablan de marzo o abril como fecha para las definiciones. Los mercados -elucubran- podrían exhibir cierta incertidumbre si no llegara a haber certezas de la continuidad del modelo macrista o si la prometida recuperación de la actividad no se produjera. Ni hablar de si aparecieran nuevos nubarrones o si se complicaran las metas con la mirada puesta en el 2020. Ninguno de esos actores quiere que eso ocurra. Pero que lo piensan, lo piensan