El tratado de la Ley Impositiva dejó claros ciertos movimientos políticos. De ahora en más, el panorama opositor se muestra diseccionado por profundas diferencias internas.

La aprobación de la Ley Impositiva no sólo dejó en evidencia qué rol de oposición jugará Juntos por el Cambio en la legislatura bonaerense. Además, sirvió para evidenciar las diferentes posturas que hoy reinan en un Parlamento que, más allá de la amplia presencia de los dos bloques mayoritarios, tiene un entramado de aliados, grietas (algunas internas, otras profundas), cargos en disputa y ciertos silencios que preanuncian el temblor.

Juntos por el Cambio necesitaba una victoria política luego de la derrota contundente ocurrida en las elecciones. Y la Ley Impositiva se presentó como una oportunidad clara para hacer valer el peso numérico de la cámara de Senadores. Claro, no fue simple. A las diferencias marcadas entre el PRO, el radicalismo y la Coalición Cívica-ARI, la ausencia de María Eugenia Vidal, televisada por los programas del corazón, le abrió la puerta a una serie de interlocutores que provocaron fuertes roces de representatividad en la conducción de la sociedad política.

La coincidencia es unánime. Por lo menos así se expone hacia afuera. La exgobernadora lidera la oposición por el simple hecho de haber estado al frente de la provincia. Sin embargo, en plan de rearmado, hay quienes pretenden mirar más hacia adelante (y no hacia atrás) a la hora de hacerse cargo del manejo. Dentro del PRO, se sabe, el intendente de Vicente López, Jorge Macri, tiene las mismas intenciones que ya mostró en otros años: ser gobernador. “Es cuestión de tiempo para que, de a poco, comiencen a salir disputarle la conducción provincial a María Eugenia. Están los que siempre tuvieron ganas como Jorge y los que de a poco empiezan a levantar el perfil con la intención de jugar en las próximas elecciones de medio término”, asegura un dirigente de la primera sección.

La Ley Impositiva también dejó a la vista otro panorama: las diferencias entre las intendencias y los legisladores de Juntos por el Cambio. La postura de las secciones más relacionadas al campo, y con menos representantes parlamentarios, fue la que se terminó imponiendo. De allí salieron los principales interlocutores en las cámaras. En las negociaciones, Juan Pablo Allan, Roberto Costa y Maximiliano Abad jugaron su rol. Pero no siempre se impusieron más allá de la victoria política que terminaron mostrando con los cambios logrados en la iniciativa del Ejecutivo.

En ese sentido, volvieron a aparecer las diferencias entre los intendentes radicales, quienes necesitaban una rápida aprobación del proyecto para que la provincia pueda empezar a atender las emergencias que también afectan a sus municipios, y los legisladores del partido centenario que, en la línea de Daniel Salvador (actual presidente del comité provincial), juegan a favor de Vidal.

Ahí se demostró, quizá, el quiebre más grande en la oposición. Pese a que todavía no fue corroborado como tal, las diferencias entre Cambio Federal y Juntos por el Cambio tienen un punto de difícil retorno. La idea de funcionar como interbloque parece una utopía y más temprano que pronto el bloque expondrá una voz diferente a la de la oposición actual. Con más diálogo con el oficialismo, pero sin dejar de representar otra mirada.

Gustavo Posse va por la conducción del radicalismo provincial y su aliado político, Emilio Monzó, busca instalar su buena imagen nacional en la provincia de cara a las elecciones de medio término. En ese marco, el intendente de San Isidro quiere terminar con la función servil del partido centenario para aprovechar el resurgimiento logrado en relación a otros años.

“Posse siempre funcionó de la misma manera. Es un tipo hábil. En las diferencias ve una oportunidad y la aprovecha. La provincia no tiene una representación clara para el partido, pero a la vez algunos intendentes no le responden como quedó demostrado en el Foro de Intendentes Radicales. Pero casi todos exponen la necesidad de dejar se funcionar como una filial del PRO”, dice un jefe municipal del interior.

A los cinco legisladores se les suman dos más en el Senado que no terminan de romper para no quedar en una situación de poco peso ante un escenario completamente polarizado de 26 senadores opositores a 20 oficialistas. Sin embargo, ese silencio podría durar poco.

Con menor peso, pero con una presencia necesaria para acercar o alejar posiciones ante leyes puntuales, el bloque “17 de noviembre”, integrado por un exJuntos por el Cambio y un exConsenso Federal, se mostró cercano al oficialismo. Lo contrario a lo que pasa con Natalia Sánchez Jáuregui, del Partido Fe.

Con las cartas jugadas, el presupuesto y los cargos serán los otros puntos que terminarán de definir de qué manera queda demarcado un Parlamento que cada vez está más lejos de mantener la polarización.

Fuente: Ambito