A media mañana, observando una pantalla de televisión en su oficina céntrica de la ciudad de Mendoza, a Gustavo López, ingeniero, se le heló la sangre. “¡Ese es mi suegro!”, gritó hacia adentro, en silencio, tragándose la presión, atragantado.

Gustavo (41) manoteó su celular, fotografió la pantalla y le envió la imagen a Soledad (40), su mujer desde hace más de veinte años. “Parece que tu viejo tuvo un accidente, pero tranquila, está bien“, tecleó. Este puñado de palabras viajó lento -había poca señal- al teléfono de su esposa, pero llegó a destino.

La foto que empezó a circular por noticieros y portales de Internet muestra a dos hombres sentados al costado de la ruta tucumana donde sucedió el accidente cerca de la localidad de La Madrid, que dejó un saldo de 15 muertos y más de 40 heridos. El de la izquierda, con el buzo celeste ensangrentado es Raúl Méndez (73), que viajó con su pareja Silvia y la hermana de ésta, Elena.

Soledad entró en shock, pero llamó a Gustavo, que no tenía más información. Sólo había escuchado sobre el accidente fatal del lunes a la mañana -del micro que desde Mendoza viajaba a las Termas de Río Hondo, en Santiago del Estero-, que se transformó, con el correr de las horas en el triste tema del día.

“Miramos con mi mujer la foto una y mil veces, lo veíamos con gesto de dolor, preocupado, pero entero. La angustia es que le vemos sangre en la ropa y en su mano derecha, pero no sabemos si es de él, o de algún otro pasajero al que pudo haber ayudado”.

Pasaron más de 10 horas del fatal accidente, y Gustavo López habla con Clarín desde la terminal mendocina de ómnibus. “Estamos esperando hace más de dos horas el micro -brindado por el Ministerio de Salud de la provincia- para que viajen los familiares a San Miguel de Tucumán y allí los derivarán a los diferentes hospitales donde se encuentran los accidentados”. Estaba previsto a las 18, luego 18.30 y finalmente a las 20, pero siendo las 20.15 no había llegado.

Angustia y desesperación. En la estación de ómnibus de Mendoza, los familiares de las víctimas esperan un micro para viajar a Tucumán. (Foto: Orlando Pelichotti/ Los Andes)

“Esto es una payasada”, exclaman en la terminal decenas de personas, enojadas. El clima pasadas las 20 era de tensión: más de sesenta familiares estaban esperando que les dijeran algo de lo que sucedió, de cómo estaba cada familiar, pero tanto la empresa de turismo Marvel, como la de buses Destino Cero, brillaban por su ausencia. “Esto es un papelón, no tenemos ningún respaldo. ¡Cómo puede ser que el Ministerio de Salud de Mendoza no ofreció el avión de la provincia! Hay más de una docena de personas que no sabe si su familiar está vivo o muerto“.

López se encuentra con Soledad, su mujer, quien viajará a buscar a su papá, “pero no tiene idea dónde está internado. El caos y la desorganización es total“, le cuenta a Clarín, con su esposa rehén de la angustia. “Pobres, ahora tienen que viajar entre 12 y 14 horas con una incertidumbre absoluta. Nosotros por lo menos sabemos que nuestra gente está dentro de todo bien y eso nos dio alivio”.

Raúl Méndez, el hombre de la foto, es un jubilado del Centro Gimnasia Feliz, que estaba muy entusiasmado y ansioso con este viaje a las termas, “casi como si se fuera de viaje de egresados”, dice su yerno. “Después de 45 años como oficial de justicia en el Poder Judicial, se merecía disfrutar y pasarlo bien”, expresa entre nervioso e indignado. “No puede ser que esté viviendo esta angustia, un tipazo, gran padre y abuelo, tipo jodón y simpático…”.

Soledad viajará con su hermana para rastrear a su papá, a su mujer Silvia, que tiene un brazo fracturado y a su hermana Elena, que fue la única que dio señales de vida. “Elena nos respondió al llamado, pero ni ella sabía dónde se encontraba. Después nos dijo que estaba en la clínica Centinela, en buen estado de salud y lo poco que nos pudo contar era que la situación era peor que caótica“, repasa Santiago López, todavía en la estación esperando que llegara el micro que trasladaría a su esposa.

Clarin