La situación del cura Carlos Alberto Benavidez, expárroco de San Ramón Nonato, de Nogoya, se complica día a día. Ya tiene dos denuncias en la Justicia por acosos que ocurrieron en la casa de Dios, y ahora se suma un quinto hecho que sucedió en el Sur del país, en Cinco Saltos, Río Negro, localidad en la que el sacerdote pasó un tiempo desempeñando su servicio pastoral una década atrás.

Benavidez fue apartado de su función de párroco el lunes 10 de junio por decisión del arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, que lo mandó a realizar un tratamiento psicológico por sus “conductas desordenadas”, un eufemismo para dar cuenta de los escándalos sexuales en los que se vio envuelto el sacerdote. Los hechos de acoso vienen de lejos: Entre Ríos Ahora reveló el testimonio de un exseminarista que soportó un acoso pegajoso de Benavidez cuando cumplió función de vicario en la parroquia Nuestra Señora de Luján, en Paraná, a finales de la década de 1990.

Pero ahora se sabe que el escándalo ha sido una constante en la vida pastoral del cura. El diario porteño Infobae dio cuenta del testimonio de C.R.S., quien recordó que 15 años atrás a él también le había pasado. Él también había sido víctima del cura.

“Yo estuve muchos años en grupos de jóvenes, frecuentábamos la parroquia, con diferentes sacerdotes que fueron pasando y de esta forma lo conozco a él”, recordó C.R.S., hoy maestro de grado en Neuquén. Cuando ocurrió el abuso, en 2003, él tenía 27 años.

Lo que hoy le llama la atención a la distancia es cómo durante mucho tiempo logró bloquear el recuerdo, a tal punto que cuando su papá murió en 2010 a causa un cáncer fulminante, llamó a Benavidez para que le diera la extremaunción.

“De eso me hizo dar cuenta mi mamá, cuando después de conocer las denuncias le conté que yo también había sido una víctima”, confió C.R.S.. Su mamá lo escuchó y no dudó: “Tenés que denunciarlo”, le dijo.

“Yo me había recibido de maestro de grado el año anterior y viajaba todos los días a Villa Manzano donde está la parroquia en la que estaba él. Teníamos contacto y un día estábamos charlando, me ofrece si no quería recostarme en una de las camas y cuando lo hago se me sienta al lado y empieza a tocarme los genitales”, describió, poniendo en palabras una escena que guardó por 15 años.

“Vos sabés que yo puedo curar la homosexualidad”, le dijo entonces Benavidez. “Yo soy gay y en ese momento no lo decía abiertamente porque te imaginás que estando en la iglesia lo vivía con culpa, como que estaba mal”, se animó a compartir C.R.S., que en aquel momento abandonó la parroquia.

“Nunca lo llegué a vivir como un abuso, en el momento me molestó, hice muchos años de terapia con una psicóloga pero nunca se lo conté, recién hace dos o tres años pude compartirlo. Y cuando salió la noticia me hizo el ‘click’, volví a revivir todo. Hablo porque si a mí me ayudó a contar, le puede servir a más personas”, confió.

C.R.S. hoy es militante de la diversidad sexual y parte del sindicato docente en Neuquén. Trabaja en la Secretaría de Género y Derechos Humanos, otro detalle que lo empujó a hablar: “Si yo dese mi lugar estoy diciendo hay que denunciar y de pronto yo mismo no puedo, ahí había una contradicción con la que tenía que terminar”.

El escándalo Benavidez recaló en la Justicia tras la ventilación de un intercambio de sexo por dinero con el changarín José Sánchez, el mismo de la fábula del maletín con 500 mil dólares que dijo haber encontrado en una esquina de Nogoyá. Sánchez contó que fue a pedir ayuda al cura para conseguir un puesto en la escuela parroquial, y que ne vez de eso terminó teniendo sexo por plata con el sacerdote en la parroquia San Ramón Nonato.

Después ocurrió una segunda denuncia: D.M. contó el modo cómo fue acosado por el sacerdote también en la casa de Dios. Dijo que se acercó a Benavidez para encontrar ayuda espiritual -se había separado de su mujer y buscaba empleo-, y que sólo consiguió que el sacerdote le hiciera un “test psicológico”, que terminó con D.M. acostado en la cama del cura. Reveló, además, que puso al corriente del incidente al arzobispo Puiggari, quien anoticiado del escándalo dispuso la salida de Benavidez de Nogoyá.