“Argentinos, argentinos, presten atención: 12 años se los cogió el kirchnerismo y se la afanaron toda con los bolsos. Y ahora lo votaron a Macri y también les está rompiendo el culo. Votan siempre para el carajo. Son muy pelotudos. Déjense de joder. Si siguen jodiendo vuelve Cristina. Ni los dioses los van a salvar. Les estamos avisando: vuelve Cristina y se termina de ir todo la mierda”, desafía un video que ya dio la vuelta al país vía WhatsApp en el que no sólo responsabiliza a los votantes antes que a los gobernantes por sus decisiones sino también el propio oficialismo se hace cargo de sus errores pero le pide al electorado “que no vuelva al pasado”

Los memes, videítos y fake news se mudaron a una de las redes sociales más populares de la Argentina. O, mejor dicho, los equipos de campaña y difusión electoral de los principales candidatos están haciendo foco en WhatsApp, una aplicación que cruza de manera transversal a todas las generaciones activas de la sociedad informacional en la que vivimos.

Luego de un 2018 para el olvido en Facebook, parece que Mark Zuckerberg sigue cosechando triunfos. Por caso, Jair Bolsonaro en Brasil, un candidato lejos de los medios de comunicación, las conferencias de prensa y las entrevistas tradicionales que supo captar el nacionalismo y la emotividad del electorado para dar el batacazo.

A propósito de las elecciones 2019 que se vienen en Argentina en materia comunicacional, resulta imperdible un rec orte de la realidad que realizó El Mundo, de España:

Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) confirmó que en la actualidad las noticias falsas se difunden seis veces más rápido que las reales, que saltan de móvil en móvil como si fueran una ardilla y que llegan más lejos, más profundamente, con más velocidad y a más gente. Funciona con los rumores, con las fake news, y funciona, ahora también, con la estrategia política.

¿Es un fenómeno reciente? Evidentemente no. Decía el periodista y escritor mexicano Esteban Illades en un seminario reciente sobre lengua, periodismo y posverdad que la manipulación y la desinformación existen desde hace siglos y que hasta Napoleón hizo branded content en la campaña egipcia.

La novedad es que ahora, en plena crisis de credibilidad de los medios de comunicación tradicionales, la propaganda es más eficaz (y peligrosa) que nunca, sobre todo si llega a tu móvil sin filtros. Ni siquiera vía Facebook Twitter o Instagram. Ahora, directamente, clinc, tienes un nuevo mensaje de WhatsApp. Y después…

La semana pasada, durante la investidura del ultraderechista Jair Bolsonaro como presidente de Brasil, sus seguidores coreaban la marca “¡WhatsApp!”, frente a los periodistas que cubrían el acto. En un país con 200 millones de habitantes y 147 millones de electores, al menos 120 millones de personas tienen la aplicación en su móvil. Bolsonaro no participó en debates de televisión ni hizo campaña en la calle tras ser apuñalado en un acto electoral. No le hizo falta.

Según un informe de Datafolha, el 61% de sus votantes se informó durante las elecciones a través de WhatsApp. Una investigación del periódico Folha de S. Paulo desveló después que el 97% de esas noticias que compartían en sus móviles los seguidores del nuevo presidente eran falsas o manipuladas.

“Nosotros no necesitamos a los grandes medios. Te dan prestigio, pero no nos hacen falta para llegar a ese público que nos interesa y que vive pegado al móvil. Siempre pienso en los contenidos que me gustaría a mí recibir a través de WhatsApp y que la gente compartiría. El voto se consigue generando todos los días estímulos en el electorado”.

Quien habla es Manuel Mariscal, responsable a sus 26 años de la estrategia digital de Vox, partido en meteórico ascenso en España. “Ya nadie lee periódicos, la gente ve Netflix y se informa por WhatsApp, ni siquiera por Twitter… El fontanero o mi abuela no tienen redes sociales pero sí WhatsApp”, asegura.

“Nosotros no somos un medio de comunicación pero tenemos herramientas para ser nuestro propio canal informativo y llegar a un votante que se fía más de nosotros que de la prensa, que nos pide nuestro material para poder compartirlo”.

“Las redes sociales son un terreno más propicio para la comunicación o la interacción política, pero WhatsApp es un terreno fértil para la propaganda. Ése es el gran cambio”, explica Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor en comunicación política. “WhatsApp permite llegar a los teléfonos móviles en una plataforma de amplísima difusión, prácticamente del 100%, con unos niveles de descentralización extraordinariamente difíciles de controlar”.

La BBC presentó en noviembre un extenso proyecto de investigación desarrollado en la India, Kenia y Nigeria en el que analizaba cómo se difunden allí las noticias falsas en aplicaciones de chat cifradas como WhatsApp. Su principal conclusión es que detrás de esa viralidad hay siempre un componente «emocional» y que el principal impulso es el sentimiento nacionalista.

En países como la India, donde hay más de 200 millon es de usuarios de WhatsApp, se comparten noticias falsas con mensajes nacionalistas con el propósito de “construir una nación”, y en ese terreno -asegura el estudio- la consolidación de la identidad nacional tiene prioridad sobre la necesidad de verificar los hechos. “Están surgiendo una serie de problemas graves en el mundo, no sólo en occidente, por los que la idea de construir una nación está triunfando sobre la verdad”, asegura Jamie Angus, Director de BBC World Service Group.

“La fórmula es perfectamente trasladable a cualquier partido político con un contenido de naturaleza similar a la propaganda que estimule mucho la pasión, fuertemente emocional, sea nacionalista o no”, matiza Gutiérrez-Rubí. “WhatsApp es un canal ideal para alimentar día a día, gota a gota, las autoconvicciones y los prejuicios de la gente”.