El Directorio del FMI, decidimos apoyar el programa diseñado y definido por las autoridades argentinas es por su credibilidad y las necesidades de financiamiento que tenía Argentina, señaló Christine Lagarde, titular del FMI

Lagarde está a punto de partir hacia la Argentina, donde llega este jueves para participar en la Cumbre del G20 y para reunirse el sábado con el presidente Mauricio Macri, con quien conversará sobre la marcha del acuerdo stand by de 57.100 millones de dólares alcanzado en octubre y que implica fuertes ajustes en el déficit fiscal y en la política monetaria. En una entrevista con corresponsales argentinos en la capital estadounidense, entre ellos Clarín, Lagarde habló de temas globales y también de su visión sobre nuestro país. “Estamos muy orgullosos y nos sentimos privilegiados de apoyar a Argentina”, dijo y aseguró que “el programa está funcionando y ha estabilizado la economía”, aunque reconoce que es “una fase difícil” la que se atraviesa ahora.

Lagarde vaticinó una recuperación el año próximo: “Comenzaremos a ver un desarrollo positivo del programa en el segundo trimestre de 2019, eso es en abril, mayo y junio. En ese entonces debería verse el comienzo del cambio y después de eso será el pueblo argentino el que decida con qué quiere seguir adelante”, dijo al responder una pregunta sobre si el FMI estaba preocupado porque Macri perdiera las elecciones del año próximo. Cuando se le preguntó si se imaginaban trabajando con Christina Kirchner, Lagarde aseguró: “Nuestro enfoque es la economía y la gente, no una representación política particular”.

–¿Cuál será su mensaje en el G20?

–Doce meses atrás dije que “el sol está brillando, es hora de arreglar el techo”. Más recientemente, señalé: “Estemos atentos a las nubes que vienen, todavía estamos a tiempo de arreglar el techo”. El desarrollo más reciente fue que “las nubes se están oscureciendo, pero nunca es demasiado tarde para arreglar el techo, aunque la ventana de oportunidad para concretarlo se está haciendo muy estrecha”. Creo que todavía estamos en esa etapa, con un enfoque particular en las oportunidades de jugar en equipo en lugar de ver el potencial localista y el desarrollo individual. Porque, si bien creemos que el enfoque individual es necesario, tanto en términos de política fiscal, reequilibrio y reformas estructurales, también creemos que es realmente importante concentrarse en la ventaja de jugar colectivamente y tratar de eliminar en lugar de reconstruir las barreras. Así que ese será mi enfoque. Por lo tanto, tengamos cuidado con las nubes oscuras que se alzan en el horizonte y centrémonos en las oportunidades de mejorar juntos nuestro juego.

–¿Qué espera lograr el FMI de la cumbre aquí en Buenos Aires?

–Lo que está en la mente de todos es lograr progresos en relación al comercio internacional. Eso sin duda sería muy bien recibido. Estoy segura de que habrá una firma formal y oficial de la USMCA (el ex NAFTA) en Buenos Aires, lo cual será la conclusión de las negociaciones que han estado en curso durante aproximadamente un año y medio. Pero todos los ojos también estarán puestos en otras naciones, incluso en los Estados Unidos y China, en cuanto a si sus discusiones darán como resultado un marco, un compromiso para avanzar. Ese será un fuerte indicio. También creo que se producirá un fuerte debate sobre el impacto de la tecnología y la necesidad de abordar los cambios, tanto en términos de trabajo como en términos de datos.

–Usted ha sido muy explícita sobre el riesgo de la llamada guerra comercial. ¿Es más optimista ahora?

–En cierto sentido sí. Porque ver la firma del USMCA es un claro progreso. Hace solo cuatro meses, muchos observadores habrían temido lo peor. Tenemos al menos un acuerdo. Reunió a tres países. Y ahora al menos no solo tenemos la implementación de aranceles o las amenazas de aranceles, sino que también tenemos dos presidentes que mantendrán una reunión bilateral y esperamos que establezcan los términos de negociaciones futuras.

–Usted también habló sobre el riesgo del nacionalismo y del populismo creciente en el mundo. ¿Cómo cree que el mundo debería tratar con los gobiernos populistas, que en la mayoría de los casos han desafiado el multilateralismo?

–Los voy a sorprender. Pero creo que la respuesta a esto es una mayor apertura y un tipo diferente de multilateralismo. Lo que quiero decir con más apertura es que hay un segmento completo de nuestras economías que está impulsada por los servicios y no por el intercambio de bienes. El intercambio de bienes y el movimiento de bienes en todo el mundo representa un valor relativamente pequeño del valor global del comercio que se está llevando a cabo. Toda la industria de servicios todavía está cargada y encadenada por restricciones, barreras, aranceles, licencias, etc. Se obtendría una importante ventaja si se abrieran más servicios transfronterizos. Y si se obtiene un mayor crecimiento como resultado de esto, entonces se tendrá más espacio para reasignar el crecimiento y distribuirlo mejor. Eso es a lo que me refiero con una mayor apertura. Lo que quiero decir con un multilateralismo diferente es un tipo de multilateralismo que esté más enfocado en las personas. En otras palabras, el comercio internacional, la digitalización, la nueva tecnología beneficiarán a unos pocos o beneficiarán a la mayor cantidad de personas posibles. Desde la ventaja de la apertura de los mercados, vamos a prestar especial atención a la adaptación de las personas que serán desplazadas, las personas que serán excluidas debido a la transformación de las cadenas de suministro. Habrá programas de educación dirigidos a ellos para que se puedan adaptar. Así que creo que hay grandes oportunidades y un gran potencial como resultado de eso. Pero tenemos que empujar esos límites.

–La agenda populista podría volver pronto a sectores de América Latina. ¿Qué tipo de efecto podría tener eso en las economías de la región?

–Lo que a menudo se ve con el populismo son promesas poco realistas que no están calibradas fiscalmente. Y lo que generalmente deriva de eso es la frustración y el resentimiento, porque las promesas que se han hecho no se pueden cumplir. Espero que el miedo al populismo en ciertos países realmente se reduzca por el realismo fiscal cuando las personas realmente midan el costo de ciertos proyectos y el espacio fiscal disponible para financiar esas promesas. Creo que la realidad siempre vuelve para atormentarte. Y cuando se trata de cumplir promesas políticas la realidad es el espacio fiscal.

–¿Le preocupa la creciente presencia de China en América Latina?

–Le diré lo que realmente me preocupa. Me preocupa el exceso de deuda, no solo en América Latina sino en todos los países. Debido a que tenemos, y esto es realmente una preocupación aquí, tenemos una deuda general, pública, privada, corporativa y doméstica que está en su punto más alto. Tenemos una deuda de 182 billones de dólares en este momento. Esto es un 60% más de lo que tuvimos antes de la crisis financiera. No podemos seguir acumulando deuda y hay ciertos países que están en estrés de deuda o cerca del riesgo de estrés de deuda. Por lo tanto, debemos prestar más atención a esto, al esperar y solicitar que haya una total transparencia en la deuda, tanto en términos de quién es el acreedor, cuáles son los términos y condiciones, cuáles son los vencimientos para calcular realmente la sostenibilidad de la deuda de países para que puedan estar en alerta y quienquiera sea el prestamista. Ya sea China o cualquier otro acreedor tengan la posibilidad de decir que no. Algunos bancos, algunos prestamistas son igualmente responsables de verificar la sostenibilidad de esos países.

–Aquí en Washington, el presidente Macri es visto como un modelo a seguir contra el populismo en América Latina, y bajo su dirección, el FMI firmó con Argentina su programa más grande hasta el momento, dos veces. ¿Es esa la razón principal por la que el FMI dio tan fuerte aval?

–La razón por la que nosotros, el Directorio del FMI, decidimos apoyar el programa diseñado y definido por las autoridades argentinas es por su credibilidad y las necesidades de financiamiento que tenía Argentina. Entonces, fue un arreglo entre la credibilidad, la propiedad, el diseño y las necesidades de financiamiento. Todo eso combinado, junto con el apoyo internacional expresado claramente por el Directorio en general, dio lugar a este importante programa.

–¿Cree que el objetivo de déficit cero planteado por el gobierno argentino fue demasiado ambicioso? ¿Era necesario llegar tan lejos?

–Creo que en respuesta a la situación que vimos en julio y agosto –que la caracterizaría como una combinación de factores externos, más el caso principal de corrupción, sumado a la falta de confianza en los últimos acontecimiento–, las autoridades argentinas definieron y propusieron una respuesta sólida y una fuerte corrección y nosotros pensamos que sería la apropiada.

-Más de la mitad de los argentinos tiene una imagen negativa del FMI, algunas personas ponen la carga del programa en Washington y en el FMI, pero no en Buenos Aires. ¿Usted qué les diría?

–Yo diría que es un programa que fue concebido, diseñado, ajustado, elaborado y, en última instancia, es propiedad de las autoridades argentinas. Cuando el presidente Macri me llamó por primera vez, tenía muy en mente qué tipo de medidas eran necesarias. Y estamos muy orgullosos y nos sentimos privilegiados de apoyar a Argentina en ese viaje. Y es difícil, lo sabemos y lo vemos, pero es un programa que fue definido por el capitán, no por nosotros.

–En la Argentina hay temor a que se produzca una explosión social. Diciembre es un mes difícil. ¿Qué pasará si las cosas empeoran y el presidente Macri la llama nuevamente para pedirle más ayuda, más dinero? ¿Qué haría?

–Bueno, no estamos al final del programa y siempre tenemos la capacidad de adaptarnos, y lo hemos demostrado. Porque si recuerdan desde dónde comenzamos, con un programa más pequeño que era predominantemente precautorio, lo hemos ajustado, hemos aumentado el tamaño del programa, ya no es de precaución, por lo que somos capaces de adaptarnos si está plenamente justificado. Por lo que veo y por la segunda revisión que se acaba de completar (que aún debe ser aprobada por el Directorio), el programa está funcionando y ha estabilizado la economía y en particular la situación financiera. Estamos empezando a ver algunos resultados en los números y tenemos todas las razones para creer que la situación cambiará en términos de crecimiento en el segundo trimestre de 2019. Así que sabemos que es una fase difícil la que estamos atravesando ahora, y que la sociedad argentina es la que la está atravesando, pero está funcionando. El programa ha tenido un buen comienzo desde el punto de vista de la estabilización y se trata de mantener el rumbo, día tras día, hasta que (la economía) se recupere, lo que consideramos que debería ser en el segundo trimestre de 2019, cuando deberíamos ver una caída significativa de la inflación, donde deberíamos ver que el crecimiento comienza a dar un giro y dejar de contraerse.

–¿Diría usted que la peor parte de la crisis ha terminado?

–Yo diría que vemos una estabilización de la economía, y todas las razones para ver un cambio en el segundo trimestre de 2019. ¿Ha terminado lo peor de la crisis? Creo que aún será difícil durante los próximos tres o cuatro meses, y luego habrá un cambio.

–¿Qué piensa de la posibilidad de trabajar con Cristina Kirchner en el futuro?

–Trabajamos con un país, trabajamos con sus autoridades y hay cambios políticos que tienen lugar todo el tiempo en todos los países en los que operamos. Nuestro enfoque es la economía y la gente, no es una representación política particular. Pero en todas las circunstancias, lo que esperamos es determinación para cumplir con términos económicos sólidos.

–¿Le preocupa el futuro del programa si el presidente Macri no es reelegido el próximo año?

–En primer lugar, diría que comenzaremos a ver un desarrollo positivo del programa en el segundo trimestre de 2019, eso es en abril, mayo y junio. En ese entonces debería verse el comienzo del cambio y después de eso será el pueblo argentino el que decida con qué quiere seguir adelante.