Esa fecha especial en la que los más chicos esperan la llegada de Melchor, Gaspar y Baltazar, con regalos.

En muchos países, los niños dejan por la noche sus zapatos llenos de pasto que recogieron durante el día para alimentar a los camellos en los que viajan los Magos, los mismos que hace veinte siglos llevaron oro, incienso y mirra al recién nacido niño Jesús, el hijo de María y de José, el carpintero.

En Italia y en algunas regiones de Alemania es un hada o bruja buena la que en esta fecha ofrece regalos no sólo a los niños sino también a los creyentes adultos.

En algunas regiones de España, unos “reyes” ataviados como los Magos de Oriente llegan a los pueblos de las regiones rurales donde son agasajados por el alcalde y el párroco y se organizan desfiles y cabalgatas que tienen lugar en medio de bulliciosa algarabía infantil.

En la mayoría de los países de tradición cristiana, la llegada de los Reyes Magos señala el día en que se retiran los adornos navideños y se dan por terminadas las celebraciones iniciadas en la Navidad.

En los países sajones, antiguamente la fecha era ocasión de grandes festejos para marcar el fin de la Navidad y se horneaba una torta especial en la que se escondía un frijol, que luego sería afanosamente buscado por los comensales. El que lo hallara en su plato era nombrado “rey de los judíos” y quedaba encargado de dirigir los festejos de aquel día, que frecuentemente incluían alguna obra de teatro.

Se sabe que William Shakespeare escribió su Noche de Reyes para las celebraciones del 6 de enero de 1601, por encargo de un grupo de abogados de la Corte de Londres, y que la obra fue representada en el palacio de Whitehall en presencia de la reina Isabel I.

En los ritos católico, anglicano y ortodoxo, la fiesta del 6 de enero se llama Epifanía y es 148 años más antigua que la propia Navidad, pues se celebró por primera vez en el año 194 de nuestra era.

No es un agregado a Navidad, sino la celebración plena del sentido del nacimiento de Jesús. No hay Epifanía sin Navidad.

Además de la visita de los Magos, en esta jornada se celebra también el bautismo de Cristo por Juan el Bautista y las bodas de Caná, en las que Jesús hizo su primer milagro, según el Evangelio.

¿Quiénes eran estos míticos magos que hoy forman parte inseparable de la tradición cristiana?

Según el evangelio de San Mateo, se trata de peregrinos orientales dotados de profundos conocimientos astronómicos que llegaron hasta Judea siguiendo una estrella guía con la intención de rendir homenaje a Jesús recién nacido.

Le trajeron oro, que es un regalo que se hace a los príncipes y reyes; incienso, una sustancia usada en los altares de varias religiones; y mirra, un compuesto que se utiliza para preparar los cadáveres que van a ser embalsamados.

Según las tradiciones orientales, los magos no eran apenas tres sino doce, pero acabaron por prevalecer los relatos occidentales en los que se habla de tres, posiblemente para corresponder mejor a los tres regalos traídos a Jesús.

Se cree que esta tradición debe haber surgido de los relatos sobre una casta de sacerdotes persas, seguidores del profeta Zoroastro, quienes eran llamados magos y que fueron desarrollando una religión que incluía elementos de gran prestigio en la antigüedad, como la astrología y la magia, por lo que eran reconocidos como hombres sabios, capaces de prever el futuro.

En tradiciones posteriores al Evangelio, los tres magos se convirtieron en otros tantos reyes de Oriente, pero la majestad no les hizo perder sus poderes mágicos, por lo que fueron llamados Reyes Magos desde los primeros años de la Edad Media.

La transformación en reyes puede haber ocurrido para cumplir la profecía que está estampada en Salmos 72,11: “Todos los reyes se postrarán ante Él”.