Mientras todos los medios de comunicación en el país sostienen en caso del Pity Álvarez como una noticia netamente policial, se deja a un lado el verdadero drama que representa ser adicto a las drogas, sobre todo a una en especial: “El Paco”, una droga de bajo costo similar al crack elaborada con residuos de cocaína y procesada con ácido sulfúrico y queroseno. En ocasiones suele mezclarse con cloroformo, éter o carbonato de potasio. Esta sustancia es tan peligrosa, que puede desencadenar episodios como el que se conoció hoy 12/07 sobre el cantante de rock nacional Cristian Gabriel Álvarez Congui, pero en el peor de los casos llega a ocasionar en un período de tiempo muy corto, incluso, la muerte.
Sorprende la frivolidad de algunos periodistas de la Argentina en torno al caso que conmovió hoy a gran parte de la sociedad: El cantante de rock nacional Cristian Gabriel Álvarez Congui, conocido como “El Pity” está acusado de asesinar a un amigo de tres disparos en la cara, hasta ahora, el acusado se encuentra prófugo. Sin embargo, este caso no refiere sólo a términos policiales, sino que esconde un horrible drama por el que atraviesan cientos de personas en el país, sobre todo jóvenes de escasos recursos, drama del que tampoco se salvó el artista y se perdió en el mundo de la droga que te rompe la cabeza: La pasta base. 
También conocido como “el paco”, es una droga de bajo costo similar al crack elaborada con residuos de cocaína y procesada con ác ido sulfúrico y queroseno. En ocasiones suele mezclarse con cloroformo, éter o carbonato de potasio.  Es una droga estimulante del sistema nervioso central, cuyo componente activo es el alcaloide cocaína.
Esta droga es muy barata, incluso a quienes le llaman la droga de los pobres porque aseguran que se propagó especialmente entre los jóvenes de los barrios en los subirbios del país. El adicto al paco puede fumar por día, en promedio, 10 a 15 dosis, pero la adicción que produce y su corto efecto obliga al consumo reiterado, llegando a fumar una decena o más de dosis de paco por día.
El caso del Pity abrió una ventana, él artista siempre admitió su problema sobre la adicción a las drogas, incluso a dejado ver a través de sus canciones que, además de marihuana, consume cocaína, LSD, éxtasis, crack, codeína,​ pasta base, alcohol y tabaco. “A mí también me encantaría ir al África y sacarle el hambre a todos. Capaz que voy y me pica un mosquito mortal. Son tantos los que te vienen a ayudar pero no tienen ni idea de lo que te pasa…“, dijo en una oportunidad el artista en una entrevista con un diario.

El cantante de rock nacional “El Pity” Álvarez asumió públicamente su adicción a las drogas e incluso expresó en una entrevista que ya no tenía control sobre su vida. Foto: Web

Incluso se conoció que cuando el artista tuvo una recaída que alarmó incluso a su madre, el Presidente Mauricio Macri, (cuando era jefe de Gobierno en el año 2008) le ofreció ayuda; su madre aceptó la propuesta de  Macri que se ofreció en ese momento a pagar la internación del músico para “salvarlo” de sus adicciones. Meses después de que el Pity abandonara por voluntad propia la clínica donde estaba internado dijo: La quería matar a mi vieja cuando me enteré que había aceptado su ayuda. 
En la Argentina, la adicción está catalogada como una enfermedad de salud mental. “Las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud”,cita el artículo 4 de la Ley Nacional de Salud Mental.
Y agrega: “El Estado reconoce a las personas con padecimiento mental los siguientes derechos:  Derecho a recibir atención sanitaria y social integral y humanizada, a partir del acceso gratuito, igualitario y equitativo a las prestaciones e insumos necesarios, con el objeto de asegurar la recuperación y preservación de su salud… Derecho a recibir tratamiento y a ser tratado con la alternativa terapéutica más conveniente, que menos restrinja sus derechos y libertades, promoviendo la integración familiar, laboral y comunitaria”.
El paco es una droga altamente adictiva y su costo es muy bajo: Foto: webEl paco es una droga altamente adictiva y su costo es muy bajo: Foto: web

Sin embargo, (y a partir de esta ley promulgada en diciembre de 2010) el Gobierno de Cristina Fernández sancionó una polémica ley de salud mental aplaudida por el todo el arco progresista pero que no se ajustaba a la realidad Argentina. De hecho, la propia Cristina demoró casi 3 años en reglamentarla y muchas provincias no adhirieron a la norma. La aplicación de esa ley implicaba un fuerte perjuicio para los centros privados por la disposición de fijar un límite máximo de camas o evitar las internaciones. Todo esto mientras el sector público se mantuvo precarizado y saturado. En noviembre pasado, Macri envió al Congreso un proyecto para modificar la ley 26.657 pero su tratamiento no avanzó.
Pero ese no es el único problema que tiene la norma. Como en otros aspectos de la gestión K, se buscó reducir la participación de los privados. El límite a las internacio nes y a la disponibilidad de camas dejaban afuera de la atención a los centros privados mientras el sector público seguía precarizado y saturado, dejando a los pacientes sin más opciones que caer en el deteriorado atención estatal.
 
Se estima que en Argentina se consumen más de 400.000 dosis de paco por día. El Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas del SEDRONAR 2011 indicó que el consumo de paco o pasta base de cocaína creció en los últimos años un 200%.
“Es verdad que el paco se ha instalado en distintos mercados como una opción. La diferencia es que la gente de clase media tiene más recursos para poder salir adelante, en cambio para los más carenciados esos recursos son inexistentes y se transforma en una droga de exterminio”, indicó Rubén González, presidente de la Federación de Organizaciones No Gubernamentales de la Argentina para la Prevención y el Tratamiento del abuso de drogas (Fonga).
Y en ese contexto, que estipula que “el paco” no es sólo la droga de los pobres, Alicia Dongi, directora del programa de actualización en clínica de adicciones de la Facultad de Psicología de la UBA, coincidió en que el fenómeno no es exclusivo de las clases pobres. “Lo que advertimos es que a los chicos más pudientes les venden el paco como si fuera cocaína y como es un mercado totalmente clandestino, los pibes terminan consumiendo algo mucho más peligroso”, detalló la psicóloga.
¿De dónde salió?
La pasta base o el paco no es una droga tan antigua, según algunos especialistas y propios consumidores, esta peligrosa sustancia apareció junto con la crsis del 2001, cuando Argentina enfrentó una devastadora crisis económica que disparó el desempleo y dejó a más del 50% del país viviendo en la pobreza. En medio de la devastación, surgió esa una droga barata y altamente adictiva.
Salir de la adicción al paco es un proceso largo y difícil. Foto: webSalir de la adicción al paco es un proceso largo y difícil. Foto: web

La pasta base de cocaína o paco, no es una droga. Es peor que eso: es el desecho de una droga. Surge como residuo de las cocinas o laboratorios en los que se elabora la cocaína, emerge como un resultado de una industria que busca la forma de introducir en el mercado hasta a sus desechos.
En la práctica, el paco se fuma en pipas. Es muy adictivo porque sus efectos son muy intensos, pero también muy breves. 
 
Al fumarse, sus resultados aparecen en un lapso de apenas entre 8 y 40 segundos, y se extiende por sólo unos minutos. El efecto del paco dura entre 15 y 20 minutos y es tan adictivo y potente que un consumidor puede llegar a hacer cualquier cosa para conseguir otra dosis: desde robarle a su propia familia para canjearla, cometer asaltos sin importar si tiene que tirotearse con la Policía, prostituirse o matar. 
El costo de tratar  pacientes con trastornos adictivos es siempre inferior al costo asociado al uso de servicios de salud y social, a la criminalidad y a la enajenación de la administración de justicia. El Estado ahorraría fondos; la ciudadanía ganaría en salud; disminuiría drásticamente el índice de discapacidades y el deterioro de miles de ciudadanos. El país, en definitiva, se garantizaría un capital social y humano invaluable y en condiciones óptimas; provisto que, como es de público conocimiento, ese capital es el verdadero valor agregado de una nación
U24